Los ojos y oídos de la ciudad: La logística de la movilidad urbana y la inseguridad ciudadana

Por: MSc. Arq. Gerardo Regalado R.

La ciudad podríamos entenderla como construcción social, forma de vida, construcción ideológica, ámbito político jurídico o espacio económico, sin embargo, lejos de definirla conceptualmente, entendemos que alberga la cotidianidad de la vida del urbícola en su expresión de especificidad físico espacial. Por lo tanto, también alberga las prácticas sociales que el “homus ambulante” desarrolla en su cotidianidad, solventando entre otras necesidades, el desplazamiento cotidiano, la movilidad urbana cotidiana.

Desde el punto de vista de la sociología urbana, estas prácticas sociales derivan en un “habitus ambulante” determinada por una capacidad de agencia o actuación en el escenario urbano, que implica el libre albedrio para decidir el origen y destino, formas y modos de sus desplazamientos.

La competitividad de las urbes exige de sus administraciones, entre otras capacidades, el asegurar una movilidad urbana sostenible, es decir, que pueda facilitar desplazamientos rápidos, eficientes y seguros, en comunión con la calidad ambiental, económica y social.

ESTRÉS URBANO

Con respecto a lo social y en relación a nuestra realidad, la metrópoli de Lima está siendo violentada diariamente por la delincuencia, los asaltos y la violencia urbana que se ha instalado en nuestra ciudad capital, sumándose a los problemas del comercio informal, contaminación ambiental  y el transporte urbano, determinando un aumento de lo que denominaríamos un “estrés urbano” y socavando el ejercicio de nuestra ciudadanía, de manera que no nos sentimos seguros de desplazarnos en el espacio público, específicamente en las vías, reduciendo nuestra motilidad, entendida como la capacidad real o potencial para efectuar desplazamientos y, por ende, nuestra agencia o actuación en el escenario urbano se siente mermada.



Lima, una ciudad donde alrededor de las dos terceras partes de los delitos son contra el patrimonio mediante la modalidad de robos y hurtos (INEI, 2018), muchas veces agravados con consecuencias sobre el cuerpo y la salud, y donde siete autos son robados diariamente usando armas de fuego (PNP, 2018), es evidente que somos vulnerables en nuestros desplazamientos cotidianos.

Los últimos sucesos delincuenciales ocurridos en la “Línea Amarilla”, obra que conecta el Callao con la Vía de Evitamiento, desarrollándose a través de los distritos del Rímac, Cercado de Lima y San Martín de Porres, con una extensión de 9 km, plantea una discusión polémica acerca de la seguridad que debería ostentar dicha obra.

Existe una cuestión de fondo y que afecta en su generalidad a todas las obras públicas, que es el “expediente técnico”, documento que la mayoría de las veces viene mal formulado desde el perfil del proyecto hasta su factibilidad que incluye los estudios de ingeniería. Vacíos por lo general técnicos que “acepta” el contratista en contubernio con el nivel de gobierno, sea local o central, y que generan entre otras cuestiones ampliaciones de plazo, de presupuesto, observaciones técnicas, etc., que derivan en arbitrajes y juicios, perjudiciales al Estado y a la población involucrada, desde el punto de vista económico y social.

LÍNEA AMARILLA

La vía expresa “Línea Amarilla” es parte de lo que denominamos el “sistema de movilidad” de Lima Metropolitana y su estructura urbana se constituye en la “horma” de dicho sistema, donde la movilidad urbana busca y demanda diariamente una respuesta a sus necesidades de desplazamiento debido a procesos de concentración, difusión y descentralización de las diversas, complejas y especializadas funciones urbanas de nuestra ciudad capital.

Al respecto señalamos que, una ciudad, por pequeña o grande que sea, tiene un sistema de movilidad conformado por tres elementos: el subsistema transporte, que está conformado por los modos de transporte sean motorizados o no motorizados; el subsistema infraestructura, que alberga las vías por donde se desplazan los diversos modos de transporte, incluso la bicicleta y el peatón; y por último el subsistema  “logística de la movilidad”, que es aquel instrumento tecnológico que termina siendo el engranaje de los subsistemas antes mencionados y que planifica, monitorea y controla  en “tiempo real” las diversas formas de desplazamiento en la ciudad.

La logística de la movilidad está conformada por los centros de control y regulación de tráfico, la red de semaforización y los sistemas tecnológicos de vigilancia y control de la operación del tráfico. Precisamente, este último elemento es el que no se encuentra completo en la vía expresa de la Línea Amarilla. Este elemento se constituye en los “ojos y oídos de la ciudad”.



Los sistemas tecnológicos de vigilancia y control de operación del tráfico monitorean y controlan el tráfico en las vías en tiempo real, regulando y administrando la velocidad de los automóviles, controlando el aforo de las vías para evitar congestionamiento y contaminación ambiental por CO2, cuidando que no se sobrepasen los estándares de calidad ambiental, regulando las intersecciones para dar preferencia a las vías de mayor flujo, a bomberos o ambulancias, cortejos fúnebres, priorizando los desplazamientos en los corredores segregados de alta capacidad (por ejemplo, el Metropolitano), los eventos de mayor demanda, como conciertos o eventos deportivos, etc…

Por otro lado, los sistemas tecnológicos de vigilancia y control de operación del tráfico, también tiene el encargo de vigilar los sucesos en “tiempo real” que ocurren en el viario, tales como, accidentes de tránsito, emergencias médicas, incendios, y sobre todo los actos delictivos.

Este sistema, en principio, está interconectado en tiempo real con la policía, bomberos, hospitales, etc… Además, este sistema ostenta algunas características tecnológicas que sirven para disuadir el accionar delincuencial, tales como: cámaras de video vigilancia en tiempo real con acercamientos, emite sonidos de sirenas, de voz, con manejo de la intensidad de volumen, emite chorros de aire, agua fría y caliente, gases, etc., de manera que pueden distraer o menguar el accionar delictivo a efectos de ganar tiempo para el accionar inmediato de la policía.

Los sistemas tecnológicos de vigilancia y control de operación del tráfico, son elementos vitales en la logística de la movilidad y garantiza en tiempo real la eficacia y eficiencia en la seguridad de los desplazamientos y en suma de la movilidad urbana sostenible, cualidad indiscutible de una urbe competitiva.