Estudio de viviendas a más de 4,000 msnm

Los arquitectos Magaly Gayoso y Orlando Pacheco desarrollaron su tesis de investigación sobre las características de las viviendas de la comunidad altoandina de Choroma, en Puno. El trabajo de dos años logró determinar las tipologías de viviendas en esta zona del país para así plantear posibles soluciones a futuro.

Cada temporada de invierno, los pobladores de las comunidades altoandinas de la sierra sur del Perú, principalmente los que habitan en la región de Puno, son los más afectados por la ola de frío que azota al país. En su pico más alto, las temperaturas bajan hasta los -20° ocasionando la muerte de personas y animales.

“Las heladas que ocurren en las zonas altoandinas del país se repiten cíclicamente y las respuestas como la entregas de frazadas o prendas de vestir son paliativos que no resuelven el problema de fondo. Siendo el Perú uno de los países con mayor vulnerabilidad al cambio climático por nuestra ubicación geográfica, consideramos que reducir el riesgo en las viviendas contribuye en dar sostenibilidad al desarrollo. Se debe intervenir en las viviendas pero para ello es indispensable conocer cómo son en la actualidad y el por qué”, comenta la arquitecta Magaly Gayoso.

SITUACIÓN. El estudio se desarrolla en la comunidad rural “Choroma”, localizada en los andes del sur del Perú, dentro de la región ecológica denominada Puna, delimitada por territorios entre los 4,000 y 4,800 m.s.n.m., tomando como referencia el límite superior efectivo de la agricultura. El relieve de estas zonas es de altiplanos, cuencas y laderas interrumpidas por cadenas montañosas con picos nevados.

Debido a que el Perú se encuentra ubicado en el cinturón de fuego del Pacífico, este escenario también se encuentra expuesto a ser afectado ante un evento sísmico. Las características climáticas corresponden a un clima frío-seco tropical de altura. Se presentan temperaturas relativamente constantes todo el año, con fluctuaciones pronunciadas entre las horas del día y la noche.

Las lluvias son estacionales, comienzan en noviembre y aumentan de intensidad durante diciembre, enero y febrero. Los meses sin lluvia (de mayo a setiembre) registran el mayor número de días con heladas donde la temperatura puede oscilar entre 15°C y -7°C. En contraposición, la radiación solar registrada es elevada, el promedio mensual de la energía solar incidente sobre una superficie horizontal por día es mayor de 5 kWh /m2.

Para llegar a esta comunidad desde Lima, es necesario desplazarse hasta la ciudad de Juliaca por vía terrestre o aérea. Desde allí, vía terrestre, se debe llegar hasta el centro del distrito de Santa Lucía para posteriormente trasladarse hasta el caserío de “Choroma”; a continuación se deberá caminar hasta cada vivienda, que se encuentran distanciadas aproximadamente 1 km entre ellas.

“Analizando la cultura y materialidad de esta comunidad, era posible determinar componentes y funciones de la vivienda para establecer tipologías y criterios de diseño que se puedan aplicar para el mejoramiento de las viviendas actuales y para nuevas intervenciones que busquen mejorar la calidad de vida de los usuarios y sean coherentes con el contexto”), sostiene el arquitecto Orlando Pacheco.

Vivienda autóctona que, espacialmente, se conforma por la agrupación de cuatro volúmenes como máximo, organizados a través de un patio central distribuidor.

 

BASE TEÓRICA. La investigación desarrolla, en primer lugar, la reflexión de la importancia que implica analizar la cultura para comprender la arquitectura, siendo esta su mayor expresión material. “Captamos conceptos de autores como Bernard Rudofsky (escribió “Arquitectura sin arquitectos”), quien da una de las primeras aproximaciones sobre las edificaciones planificadas y edificadas por los pobladores; Paul Oliver (“Cobijo y Sociedad”) rescata cómo las comunidades en distintas partes del mundo hicieron sus viviendas; y Amos Rapoport (“Cultura, arquitectura y diseño”), quien sostiene que la “cultura” es un término abstracto para analizarlo directamente, por lo que debería disgregarse en conceptos como la cosmovisión, estilo de vida, etc.”, resalta la arquitecta Gayoso.

Por el lado peruano, se contó con referentes nacionales como Enrique Meyer y Jorge Flores Ochoa (ambos autores de amplia bibliografía), quienes investigaron sobre la cultura andina en comunidades alpaqueras. Otro aporte fue del arquitecto Ferruccio Marussi (autor de “Arquitectura Vernacular: Los Putucos de Puno”), quien hizo un estudio importante sobre este tipo de vivienda.

También se establecieron tipologías como método para la clasificación de la vivienda según las estrategias constructivas que se han desarrollado para adaptarse al entorno. Para ello se han tomado como referencia clasificaciones desarrolladas por Jan Bazant y el Instituto Nacional de Investigación y Normalización de la Vivienda -Perú (ININVI) en investigaciones realizadas en distintos escenarios. Asimismo se tuvo como referencia la iconográfica desarrollada por Lorenzo Fonseca y Alberto Saldarriaga para la distinción de los tipos de vivienda.

Finalmente, considerando que la cultura constituye la experiencia vivida y que el estudio se realiza en una zona rural ajena a la que nosotros conocemos, utilizamos la regla de oro del estructuralismo: “Solo se conoce por diferencia”, para interpretar la sociedad andina como un sistema total que integra la cultura, costumbres, relaciones humanas, etc. para así comprender cuál es el significado del espacio existente, qué resulta y forma parte del sistema total.

VARIABLES SOCIOCULTURALES. El primer resultado de la investigación es la determinación de variables socio-culturales que influyen en el proceso de concepción de una vivienda (cultura material). Estos incluyen actividad económica, cosmovisión, nivel de pobreza, dinámica social, educación, estilo de vida, formas de alimentación, festividades sociales y religiosas, entre otros.

Pastoreo. Es la principal actividad económica, que además define su estilo de vida. Este trabajo es demandante y las actividades de pastoreo se realizan desde las 6:00 am hasta las 5:00 pm (cuando se oculta el sol), sin considerar que las mujeres suelen levantarse más temprano para preparar los alimentos para a la familia.

Luego de la faena diaria se procede a guardar los animales en los corrales, durante la noche los pastores están pendientes que los pumas o zorros no se acerquen al ganado. Para ayudar en esta tarea suelen tener al menos dos perros guardianes.

Durante el año las actividades de cuidado del ganado son diversas, se realizan campañas de empadre (apareamiento), parición, control parasitario, control de enfermedades, destete de crías y esquila. Los animales forman parte de la familia de los pastores, existe una dependencia y respeto mutuo. El animal provee al hombre de abrigo, alimento, combustible para sus cocinas y sus fibras generan ingresos económicos a los pastores.

Rebaño. Es propiedad de una familia nuclear; está compuesto por llamas, ovejas y alpacas. El promedio de animales que posee un jefe de familia en la comunidad Choroma es de 250. Algunos pobladores también cuentan, en menor escala, con ganado vacuno y gallinas (menos de 10 por especie).

Género y división de trabajo. El ganado pertenece al jefe de familia (familia nuclear), pero quien se aboca a las labores de pastoreo es la mujer. El hombre ayuda y apoya a su esposa en dichas labores, pero cuando aparecen nuevas oportunidades de trabajo (como en la minería) y los hombres se ausentan de las cabañas para realizarlas, no se presenta ningún problema en las labores del pastoreo.

Procesos productivos y comercialización de la fibra de alpaca. El circuito de trabajo para la comercialización de fibra de alpaca consta de cuatro etapas: crianza; clasificación y acopio; transformación y comercialización. La primera etapa la desarrolla íntegramente el pastor (junto a la unidad familiar), aplicando los conocimientos heredados por sus antecesores. El desarrollo de esta fase se da en los terrenos de propiedad de los pastores. Mientras que el acopio y clasificación de fibras suele darse en los almacenes de la vivienda, o se agrupan en las pequeñas viviendas que se encuentran en el caserío.

En la etapa correspondiente a transformación industrial, los pastores no participan como actores; ellos venden su materia prima a compradores de fibras. La razón es que los pastores no pueden solventar el costo que implica este procedimiento. Por ello, son las grandes y pequeñas industrias las que, luego de trasformar la materia prima, comercializan al público en general (consumidor final), principalmente al mercado extranjero.

El valor comercial de la fibra de color (en promedio S/. 5.00 cinco nuevos soles por libra) representa la mitad del valor de la fibra blanca. Los precios son determinados por la industria, en referencia a precios internacionales, sin embargo, el costo en el mercado internacional no coincide con los precios pagados a los pastores, que son quienes asumen la inversión económica en el ganado y principalmente la inversión del recurso tiempo.

Las precarias condiciones que presenta el sistema de producción y circulación de la fibra de alpaca para los pastores, son determinantes para la enorme desigualdad existente en la distribución de la renta referente a este mercado. Como consecuencia, los miembros de la familia buscan diversificar sus ingresos económicos realizando otras actividades. Por ejemplo, comercializan la carne y pieles de sus animales en mercados semanales, venta de fuerza de trabajo en minas, etc. Todo a su vez genera migración hacia centros urbanos donde se considera que existen mayores oportunidades laborales. La falta de ingresos monetarios también se ve reflejada en la falta de mantenimiento de las viviendas, al encontrarse las familias dentro del rango de pobreza extrema, el ingreso mensual se destina principalmente a la alimentación.

Calendario alpaquero. La relación que existe para un pastor, entre actividad económica, vivienda y condiciones climáticas se explica en el calendario alpaquero. Durante los meses de enero a marzo nacen las crías de los animales, previamente se ha programado que el empadre se realice en enero de modo que durante los primeros meses las crías de las alpacas tengan suficiente alimento.

Esta es una temporada bastante difícil pues coincide con la época de lluvias (considerada la temporada más peligrosa, según los pobladores, dado que las inundaciones dificultan el acceso a pastos naturales y traen muerte para los animales). Además, se realiza la primera campaña de esquila, pero solo a los animales que tienen un año de vida.

A pesar de las condiciones climáticas hostiles, estos meses coinciden con la época de carnaval y los pastores realizan irantas y participan en festivales de su distrito. Respecto a la vivienda, los pastores usualmente se mantienen en sus cabañas de lunes a viernes, trasladándose al caserío y a Santa Lucía los fines de semana para abastecerse de víveres. Se pueden presentar casos donde los pastores se trasladan a la ch’ujlla, una pequeña vivienda temporal, de un solo recinto ubicada en zonas altas del territorio, donde sus animales pueden pastar y así estar protegidos de las inundaciones.

En junio y julio es nak’ay tinpu o época de saca, se sacrifican las hembras viejas, reproductores viejos, hembras que no han parido en dos campañas consecutivas o capones. Este proceso se lleva a cabo en estos meses pues los animales se encuentran en buenas condiciones de carne y el clima es propicio para elaborar charqui. En agosto se ejecutan rituales en agradecimiento a la Pachamama y finalmente, entre los meses de noviembre y diciembre, algunas veces también se considera octubre, se realiza la segunda y más importante campaña de esquila, que viene a representar época de cosecha en las explotaciones alpaqueras. El acopio de la fibra se realiza en las cabañas o en el caserío y muchos de los pobladores se agrupan para poder realizar la venta, y así satisfacer la demanda de los compradores.

Adaptación al medio ambiente: Son tres envolventes que protegen a los pobladores del entorno natural. La primera envolvente está referida a la piel, órgano del ser humano; la segunda se refiere a la vestimenta que el poblador utiliza para protegerse del clima agreste de la zona y la tercera está representada por la vivienda, que se compone por recintos con muros de tierra o piedra, techos de paja o calamina, pisos de tierra apisonada y puertas angostas. Siendo la vivienda el envolvente externo que proporciona calor y protección ante las inclemencias climáticas, consideramos que es este el componente que se debe intervenir, en el que las campañas se deben enfocar, para así asegurar su buen funcionamiento y con ello reducir la vulnerabilidad de los habitantes.

Vivienda Tradicional Expandida. Todos los volúmenes tienen planta ortogonal y simétrica; mayoritariamente se encuentran emplazados de forma próxima, sin embargo, existen al menos dos volúmenes contiguos o con dos espacios interiores.

 

ESTILO DE VIDA. Es determinado por la inversión de tiempo y dinero. Se puede concluir que el ingreso económico más importante para los pastores proviene del dinero que reciben por la fibra de su ganado. Otra actividad es la minería, pero el aumento del ingreso familiar no varía en gran escala y, por tanto, las condiciones de vida tampoco.

Las cabañas son en su mayoría heredadas y las nuevas viviendas se han edificado dentro del terreno familiar. Los investigadores consideran que el mayor factor condicionante para permanecer y residir en las cabañas es la actividad económica a la que se dedican: el pastoreo. Y esta actividad ha sido transmitida de generación en generación.

La vivienda queda en un segundo plano, luego de gastar el dinero en los alimentos, si se ha ahorrado algo de dinero la primera acción para reparar la vivienda será cambiar el material de los techos. Los techos de paja no cumplen con las expectativas de los pobladores, quienes aún lo poseen es porque heredaron la vivienda de esta forma. El material elegido por los pobladores es la calamina, pues consideran que tiene una fácil instalación, bajo mantenimiento y alta durabilidad.

La prioridad para cambiar el techo empieza por los dormitorios, luego los almacenes y finalmente la cocina. En Choroma todas las cabañas cuentan con cocina a bosta y más de la mitad poseen también una cocina a gas. Debido al costo del gas el uso de las cocinas es alternado, principalmente, en época de lluvias. En las cabañas no existe red de agua, desagüe, ni suministro eléctrico.

Apropiación del espacio. La forma de habitar del poblador en la comunidad rural Choroma está determinada principalmente por la actividad económica a la que se dedican y sus amplios terrenos hacen que el “espacio existencial” del usuario no se circunscriba a los límites físicos construidos.

Las cabañas en esta zona no han tenido asesoría técnica en la planificación y construcción, fueron autoconstruidas por los miembros de la familia y costeadas íntegramente por esta, por lo que la situación económica obligó a los pobladores a realizar viviendas muy económicas lo cual también compromete el material a emplear en la construcción. Son muy pocas las viviendas nuevas y la mayoría tiene más de 40 años de antigüedad.

Los pobladores efectúan recorridos hacia los corrales de los animales, descansan en bancas fuera de la cabaña, recorren caminos para recolectar agua en fuentes naturales (usualmente trasladados por los pobladores desde el río en baldes de plástico), secan carne en el patio, entre otros. Estas actividades influyen para decidir cuál sería el emplazamiento adecuado para la vivienda.

Es así que se consideran aspectos como aprovechamiento de zonas con menor pendiente que tengan amplitud para así poder ubicar diferentes recintos (volúmenes independientes que conforman la cabaña) y corrales para sus animales; cercanía a caminos accesibles para el pastor desde el caserío a su vivienda o desde su vivienda hacia zonas donde el ganado pueda pastar; vista panorámica hacia puntos importantes como vías asfaltadas, centro del caserío o hacia áreas donde duerme o pasta el ganado; protección de los vientos; y, finalmente, cercanía a fuentes naturales de agua o cercanía a caminos que lleguen hasta ellos.

Una de las estrategias de apropiación del espacio está relacionada con el tipo de familia que habita la vivienda, nuclear o extendida. Por ejemplo, si el hijo de una familia nuclear se casa, se construirá otra edificación (dormitorio) donde este y su nueva familia vivan juntos, compartiendo aún la cocina y la letrina existente. La segunda estrategia se da cuando el ingreso económico familiar aumenta, si esto sucede la vivienda inicia su ampliación, nuevos almacenes, cambio de techos (de paja a calamina), nuevo material para los pisos, nuevo espacio para cocinar, entre otros.

TIPOLOGÍA DE VIVIENDA. La vivienda alpaquera altoandina físicamente está compuesta por cuatro elementos trascendentes: el patio, como un espacio social que usualmente representa una pauta de organización en la vivienda; los volúmenes, recintos destinados a proteger y cubrir las necesidades del hombre; la letrina, un espacio de servicio otorgado por distintas gestiones municipales, que no ha sido edificado por los pobladores pero se presenta en todas las viviendas; y finalmente los espacios para los animales que forman parte del área de trabajo. El “área libre” del predio en la vivienda alpaquera altoandina corresponde a la zona de pastoreo.

Para establecer las tipologías se tomaron como variables a cuatro criterios: organización espacial (emplazamiento de los volúmenes que componen la vivienda, sus relaciones y los espacios que marcan una pauta en ella); forma (clasificación de las propiedades físicas de los volúmenes, específicamente las características geométricas y el orden tanto en planimetría como en volumetría); función (identificación de las actividades realizadas en cada espacio); materialidad (materiales empleados en la construcción de la vivienda que pueden ser tradicionales o industrializados).

Tomando en cuenta las variables mencionadas con anterioridad se han establecido tres tipologías para las viviendas actuales: tipología autóctona; tipología tradicional que se subdivide en tradicional-simplificada, tradicional-base y tradicional-expandida; y la tipología tradicional en transición a contemporánea.

El recinto más usado es el “espacio para dormir”, que alberga a una familia nuclear. En caso se trate de una familia extendida la vivienda contará con más de uno de estos espacios. El “espacio para almacenar” está dirigido para guardar pieles y herramientas empleadas durante la faena del pastoreo; el “espacio para cocinar y comer” es de dimensiones reducidas y siempre presenta un fogón que usa bosta como combustible, si en algunas viviendas se presentan dos de estos recintos es porque uno de los espacios presenta una cocina a gas. “El empleo de la cocina a bosta genera intoxicación a sus habitantes por la aspiración del humo y el hollín que además se impregna en los muros y techos”, destaca el arquitecto Pacheco.

Autóctona: Es aquella vivienda que espacialmente se conforma por la agrupación de cuatro volúmenes como máximo, organizados a través de un patio central distribuidor. Todos los volúmenes tienen planta ortogonal y simétrica, y se encuentran emplazados de forma próxima más nunca contiguos. En cada volumen se ubica un espacio, cuyo ingreso se realiza desde el patio. Respecto al programa arquitectónico ubicamos uno o dos “espacios para dormir”, un “espacio para cocinar y comer” y como mínimo un “espacio para almacenar”. En referencia a los materiales empleados, los muros de los volúmenes son siempre de material tradicional, el espacio para cocinar tiene muros de piedra. Mientras que los techos son mayoritariamente de material tradicional.

Tradicional simplificada: La vivienda está conformada por la agrupación de tres volúmenes como máximo. Tienen planta ortogonal y simétrica, y cuentan con un espacio al que se accede desde el exterior. La organización es por proximidad, así mismo no se presentan volúmenes contiguos. El programa arquitectónico incluye un “espacio para dormir”, un “espacio para cocinar y comer” y un “espacio para almacenar”. El material empleado en los muros es siempre tradicional, mientras que los techos son mayoritariamente de material industrial.

Tradicional base: La vivienda se conforma por la agrupación de cuatro volúmenes como máximo y está organizada a través de un patio distribuidor central. Los volúmenes son mayoritariamente próximos, pero se identifican dos volúmenes contiguos o un volumen con dos espacios interiores. En todos los casos el acceso a los espacios se realiza desde el exterior del volumen. Todos los volúmenes tienen planta ortogonal y simétrica.

Dentro de un espacio se pueden realizar dos actividades principales, por ello, el programa arquitectónico puede incluir un espacio para “dormir, cocinar y comer”, más de un “espacio para dormir”, uno o dos “espacios para cocinar y comer”, y más de un “espacio para almacenar”. Respecto a los materiales empleados, los muros son siempre de material tradicional, al igual que al menos uno de los techos.

Tradicional expandida. La vivienda está conformada por la agrupación de cinco o más volúmenes que se organizan a través de un patio extendido o múltiples patios distribuidores. Todos los volúmenes tienen planta ortogonal y simétrica; mayoritariamente se encuentran emplazados de forma próxima, sin embargo, existen al menos dos volúmenes contiguos o con dos espacios interiores. Del mismo modo, todos los espacios tienen ingreso desde el patio. La vivienda puede incluir un espacio para “dormir, cocinar y comer”, más un “espacio para dormir”, uno o dos “espacios para cocinar y comer”, y al menos un “espacio para almacenar”. En referencia a la materialidad, los muros son principalmente de material tradicional, mientras que los techos son mayoritariamente de material industrializado.

Tradicional en transición a contemporánea. La vivienda está conformada por la agrupación de tres volúmenes como mínimo que en su mayoría están organizados alrededor de un patio distribuidor. Se identifica al menos un volumen con dos o más espacios en su interior que, a diferencia de otras tipologías, se encuentran vinculados interiormente. Es decir que el ingreso para al menos un espacio se realiza a través de otro y no directamente desde el patio. Todos los volúmenes tienen planta ortogonal y una de ellas puede ser asimétrica.

El programa arquitectónico está compuesto al menos por un “espacio para dormir”, uno o dos “espacios para cocinar y comer”, uno o más “espacios para almacenar” y es indistinta la presencia de “espacios para dormir, cocinar y comer”. Respecto a los materiales empleados, los muros son principalmente de material tradicional, mientras que los techos son mayoritariamente de material industrial.

“Consideramos que las comunidades alpaqueras altoandinas son poblaciones vulnerables, y por ello las intervenciones deben estar basadas en la resiliencia, que va a implicar el mínimo de recursos y la mayor eficiencia de ellos, ya que cuanto más autárquico y menos dependiente de los recursos de fuera, mayores son las capacidades de sobrellevar una situación de crisis. Pensamos en una autoconstrucción asistida donde las alianzas público-privadas serían fundamentales”, destacan ambos arquitectos.

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